El punto de partida
La zona deportiva necesitaba mucho más que una intervención estética. El reto era ordenar usos distintos, sumar espacios de soporte y dar sombra sin perder la lectura abierta del conjunto.
El comedor, la terraza, los vestuarios y la tarima tenían que convivir con las canchas existentes sin sentirse como piezas añadidas a último momento.
La decisión de diseño
El techo orgánico se convirtió en el gesto estructurante: una cubierta que suaviza la escala, acompaña el movimiento de los usuarios y marca un nuevo centro para la actividad diaria.
La forma no nació como capricho formal. Respondió a recorridos, sombras, visuales y a la necesidad de integrar proveedores técnicos desde etapas tempranas.
Lo que aprendimos
En proyectos de infraestructura educativa, la calidad espacial aparece cuando el diseño anticipa usos simultáneos. Una cancha puede ser deporte, reunión, espera, ceremonia y descanso.
El resultado funciona porque la solución técnica y la experiencia del usuario se pensaron juntas desde el inicio.
Aprendizajes

